Monumento Nacional Guayabo


Guayabo el más grande e importante sitio arqueológico encontrado en Costa Rica. Es difícil seterminar cual fue su mayor influencia, algunos de los edificios muestran gran influencia de las culturas Suramericanas, pero a la vez grandes influencias Mesoamericana, hay una sobreposición de ambas culturas. La ocupación del sitio se ha podido determinar que fue desde 1.000 A. C. y los estudios más recientes muestran que alcanzó su mayor auge entre los años 300 a 700 de la Era Cristiana. Este es el período cuando los edificios que se pueden apreciar hoy en día fueron construidos.

Subaru


"Si usted va a fabricar un auto, fabrique un auto que sea capaz de volar"

Subaru es la traducción del nombre japonés que recibe la constelación de las Pléyades, que fueron las estrellas que siguió Ulises para guiarse en su viaje de regreso tal como relataba la Eneida.
Las seis estrellas del Logotipo representan a las seis Compañías que se integraron en Subaru. Las empresas originales de componentes, tecnología, servicios, materiales e ingeniería se fundieron para dar origen a Subaru.
Los colores azul y amarillo representan el alma de tres elementos de culto en Japón: el Sol, la noche y las estrellas.

Subaru Alcyone

El Subaru Alcyone fue nombrado así por una estrella particularmente brillante en las Pleiades, una agrupación de estrellas llamadas Subaru en japonés. Este modelo fue lanzado en los Estados Unidos como el Subaru XT en febrero de 1985 y en Japón como Alcyone en junio de 1985. Lo distintivo de esta serie es su diseño, el cual ha sido diseñado así con el fin de evocar la forma aerodinámica de un águila o Halcón. La forma de cuña del Alcyone y las curvas totalmente redondeadas le permiten lograr a este modelo el nivel de resistencia de aire más bajo del mundo, 2.9 CD (coeficiente de resistencia al avance)

Plantas y Animales Sagrados

Como sabemos, los indios de América representaban a sus númenes bajo formas y rasgos de plantas y bestias. Esto indica el grado de sacralización que tenían esos elementos en la sociedad respectiva y el papel que jugaban en la comunidad. Aun de manera literal esos vegetales y animales eran sagrados y revelaban la presencia de la divinidad en el mundo. Se trataba de teofanías, o sea la manifestación de la deidad a través de un ser o cosa cualquiera, en este caso una especie vegetal o animal que encarnaba determinados atributos divinos. Energías mágicas y misteriosas que cada ejemplar de la naturaleza posee en sí y despliega en el espacio, comunicándolas. Por cierto que esta concepción es válida para toda la América precolombina y sólo varían los animales o las plantas que sirven de vehículo a esas energías cósmicas (celestes, terrestres o del inframundo), ya que tal animal puede ser suplantado por este o aquel otro, así como tal o cual bebida ritual puede ser el producto de esta o aquella planta, pues a diferentes formas geográficas y distintos climas y alturas corresponden diversas especies botánicas y zoológicas, aunque debe señalarse que siempre el sentido esencial de los símbolos, los ritos y los mitos permanece idéntico a pesar de presentarse algunas veces de manera múltiple y aun aparentemente disímil.

Existen algunos elementos constantes en toda la extensión de la América precolombina referidos a las especies botánicas y zoológicas. Por un lado tenemos los símbolos, ritos y mitos relacionados con el cultivo del maíz, que como se sabe era un dios para la mentalidad indígena (recuérdese también que para los mayas el hombre del tiempo actual, el hombre de hoy, fue hecho de maíz). De otro, la presencia de tres animales-símbolos que aparecen también en el Viejo Mundo y que suelen acoplarse en un solo complejo. Nos referimos al águila, la serpiente y el jaguar (tigre); a estas constantes nos referiremos posteriormente. El tabaco es otra planta sagrada y ritual utilizada en la totalidad de las culturas americanas. Muchos ejemplos de la sacralidad de la flora y la fauna se encuentran por doquier en la bibliografía de los temas precolombinos y por cierto que esta reverencia del aborigen americano no se debía a una interpretación animista o exclusivamente a un temor supersticioso y menos aún a una devoción de esclavo por aquello que le daba el sustento material, sino a un respeto debido a la sacralidad de la naturaleza como expresión directa del acto creacional del que él mismo era partícipe. Las civilizaciones tradicionales y los pueblos primitivos han tenido una imagen bien diferente de lo que hoy entendemos por el término naturaleza. No se trata de la deificación, en términos modernos, de lo natural; de un 'naturalismo' ni de un 'animismo' que sería su 'lógica' consecuencia. Los pueblos precolombinos como todos los pueblos tradicionales ven en el mundo y en la naturaleza una imagen de Dios, una irrupción perenne de lo infinito en lo finito y en la obra de la creación una constante teofanía.

El hombre arcaico no se siente solo ni aislado en la naturaleza ni pretende ser su propietario. Los animales, las plantas y hasta las piedras, así como los ríos, lagos y lluvias constituyen parte de su ser. Igualmente lo es el firmamento con sus variadas formas y las épocas y ciclos naturales de vida, muerte y resurrección ejemplificados por las estaciones del tiempo y los movimientos de los astros, a saber: la vida misma como un ritual perenne y una interrelación o entrecruzamiento de energías constantes, horizontales y verticales, espaciales y temporales. Razón por la que el mundo entero es un código que puede entenderse y leerse tanto en las configuraciones del cielo como en los símbolos que son las plantas y los animales. Sin duda, el símbolo vegetal más claro es el del árbol, o la planta en general, como representación de las energías cósmicas. Copa, tronco y raíces constituyen sus niveles aéreo, terrestre y subterráneo, equiparables a cielo, tierra e inframundo, como ya lo hemos indicado. Por otra parte, la planta, o el árbol, es un símbolo axial y vertical capaz de conectar estos diferentes niveles o mundos entre sí, y por lo. tanto un medio de comunicación, un vehículo entre cielo y tierra. Pero no sólo la planta es un signo claro y lleno de contenido, también lo es la agricultura, o sea el cultivo de las mismas y las etapas procesuales de su siembra, desarrollo y fructificación, las que también conforman un conjunto de símbolos, de secuencias ligadas a la idea de vida-muerte-resurrección presente en todos los mitos y ritos agrarios. La planta de maíz ocupa en este sentido una situación central puesto que ensamblada en el meollo de las culturas americanas cumple una función esencial en el complejo mundo precolombino ya que es un testigo evidente del reciclaje e interacción constante de las fuerzas cosmogónicas, de las energías descendentes y ascendentes que se concentran en la semilla y se despliegan en la planta y su fruto: la mazorca. En otros términos, podría hablarse de una conjunción de principios o elementos. El agua evidentemente se expresa por las lluvias al igual que el aire por el viento. El fuego presta su calor para que se genere la simiente en la matriz de la tierra. Igualmente en lo vinculado a los estados de la materia a partir del calor del fuego: sólido, líquido y gaseoso. Esta constante rotación y conjunción de opuestos se encuentra siempre presente en una concepción tradicional o arcaica. Por lo tanto el entero mundo y cualquier entorno se halla animado por espíritus invisibles que se expresan mediante símbolos y fenómenos visibles. En ese caso el alimento que se obtiene de la planta es también sagrado y por lo tanto un manjar nutritivo excelso, a tal punto que es fuente de vida para el hombre. Una planta mágica, o Arbol de Vida arquetípico que lo da todo continuamente sin esperar nada, verdadero regalo de los dioses a los humanos, quienes extraen su existencia de este sustento divino. Se comulga con la divinidad cuando se come el maíz y la preparación de los distintos alimentos que con él se fabricaban antiguamente se efectuaba –y aún en algunas partes se efectúa– de modo ritual al igual que las etapas de su siembra y recolección.

La vida entera es para la mentalidad indígena un rito continuo, un show que cuenta entre sus protagonistas al sol, la luna y el séquito de planetas que en movimiento constante producen el día y la noche, las estaciones del año e influyen directamente en la vegetación y en sus cosechas como símbolos de las energías macho-hembra, activo-pasivo, cielo-tierra, lo que lleva a la fecundación prohijada por los dioses intermediarios y atmosféricos: el trueno, el relámpago y el rayo. Sus ritos, mitos y símbolos son, pues, emulaciones de esta danza que bailan los dioses, cuya expresión en el plano de la tierra es el despliegue espacial de lo manifestado. Las perpetuas demostraciones de la fertilidad y generación de la naturaleza son un constante asombro para el indio tradicional que reverencia en ellas la presencia de la sacralidad en cuya familiaridad vive de uno u otro modo sumergido. Sin embargo cada una de estas plantas significa una energía mágica y específica y desde ese punto de vista cumple una función diferente a las otras, es utilizada para distintos usos, porta su propio mensaje y es parte integral de la vida del hombre.

No hay en la mentalidad indígena un límite preciso entre el individuo y la naturaleza (tampoco entre lo natural y lo sobrenatural) en razón de la anteriormente enunciada interrelación e interdependencia de todas las cosas (entre ellas también dioses y hombres), realidad evidente y rasgo común a todos los pueblos y hombres tradicionales, los cuales no ponen énfasis en la individualidad de sus concepciones o personas sino en la universalidad del conjunto del que son parte constituyente, y viven en el perpetuo asombro del devenir y en la certeza de la trascendencia de un Gran Espíritu que se manifiesta por la totalidad de la naturaleza como imagen y expresión de lo sobrenatural.

Con respecto al símbolo animal diremos que éste es utilizado en todas las culturas y civilizaciones tradicionales conocidas, muertas o vivas. Para el propio Occidente el Zodíaco está compuesto de varios signos animales al igual que los calendarios mesoamericanos. En el Cristianismo la asimilación de Jesús al pez, al cordero, al pelícano, etc. es frecuente. En forma invertida hay animales que son tabú en el sentido más estricto de este término y consecuentemente está prohibida la ingestión de sus carnes. Ejemplo de esto es el cerdo para las tradiciones judía e islámica.

Tampoco es extraña a las tradiciones indígenas la idea de que formamos parte de un animal gigantesco que abarca la totalidad de las cosas, tal cual Itzám-Ná, dios de la mitología cosmogónica Maya, según ya lo hemos expresado. En otras culturas americanas se repite esta imagen. También que los animales representan una energía llamada 'dueño' –o señor– de los animales.

Los animales-símbolos se refieren a determinadas energías cósmicas. Para la simbólica precolombina este es el caso del complejo águila-serpiente-jaguar, y su integración en determinadas concepciones como la serpiente emplumada (dragones con alas y tigres, o leones alados, son frecuentes en varias tradiciones). Podríamos decir que en una cosmovisión como la indígena estas energías se interrelacionaban promoviendo el equilibrio armónico del mundo a través del desequilibrio y la desarmonía de las partes, o fuerzas.3 El equilibrio de energías debía, a toda costa, establecerse a como diera lugar, aunque fuese por medio de la guerra. Eso explica las órdenes de caballeros águilas y jaguares o halcones y pumas en México y Perú, y las batallas rituales que llevaban a cabo (la 'guerra florida' mesoamericana), pues ellas eran símbolos de las fuerzas cósmicas en continua interacción y por lo tanto en constante oposición y fricción. En términos generales el águila representa las posibilidades de lo aéreo y celeste; la serpiente al elemento intermediario o tierra (aunque hay que remarcar la existencia de una serpiente celeste); el jaguar es asimilado invariablemente a las energías bestiales, al punto de hacer de él un dios del inframundo. Sin embargo la piel del jaguar es igualmente el firmamento y sus manchas son las estrellas, las que a su vez son los ojos de los animales invisibles de la noche. Igualmente en la piel de la serpiente mesoamericana están inscriptos todos los secretos cosmogónicos (como en el caparazón de la tortuga, para los chinos) y por lo tanto es un símbolo sagrado evidente. Esta interrelación entre animales terrestres, del inframundo, y bestias celestes es clara en las tradiciones americanas y parece como normal y establecida. Eso se debe a que para los precolombinos los dioses del cielo y los del inframundo son los mismos, pero invertidos, y descienden y ascienden por un idéntico eje vertical. Los hindúes pensaban de igual modo puesto que los asura, no son sino devas 'caídos'. En igual sentido se expresan las angeologías judaica, cristiana e islámica.

Para los Aztecas la diosa Xochiquetzal, encarnación del amor, la vegetación, las flores y la fecundidad, habitaba en el noveno cielo, el Tamoanchan o paraíso mítico. Era la esposa o contraparte femenina de Tlaloc, dios de las aguas. Como lluvia descendía a lo más hondo de la tierra, a la descomposición y transformación que caracteriza al país de los muertos, mundo subterráneo donde reina Tezcatlipoca, el cual la rapta, para liberarla luego restituyéndola a su morada celeste.

Es, pues, una diosa descendente-ascendente, a la que también le toca representar el papel gestor de la fecundación de la tierra por las aguas y la del constante reciclaje de la vida simbolizada por la regeneración de la naturaleza patentizada también en todos los ritos agrarios.4

Esta relación entre cielo-tierra, tierra-cielo, se establece por intermedio del aire, la lluvia y otras deidades atmosféricas y de la tormenta (trueno, rayo, relámpago) directamente ligadas a ellos. Debe señalarse al viento como transformador y emisario de la resurrección vegetal. Pero de ninguna manera son sólo eso las deidades correspondientes al viento. El aire también transporta el sonido e igualmente el polen y las semillas de las plantas. Pero por sobre todo es el símbolo del espíritu, el aliento, o el soplo vital, e inclusive de la palabra, y en este sentido debe recordarse al verbo como vehículo creacional y generativo, presente en numerosas tradiciones universales y también mencionado en varias de la América Antigua, especialmente cuando se comprende que ese verbo no es otra cosa que el logos griego. En todo caso, el viento como gestor de la fertilidad de la tierra interviene perennemente en el acto creacional, precediendo a las lluvias que son su consecuencia.

Entre los animales sagrados indoamericanos deben destacarse especialmente las aves por su contenido mítico y ritual. En efecto, las representaciones de aves simbólicas y en particular la utilización de sus plumas tanto en tocados corno en otras manifestaciones de la vida cultural, se encuentran extendidas en toda la superficie del continente. Es conocida la importancia de las plumas de águila entre los indígenas de Norteamérica y México, y las de los lujosos animales tropicales en Centroamérica, el Caribe y la Amazonia. Esta presencia e importancia de la pluma es notoria en el sur del continente, y se le suele asociar con la belleza, a la par que con el arrojo de las actividades guerreras, e ideas de vuelo y pensamientos imaginativos o sublimes, lo que es claro en el ejemplo de la flecha. Debe decirse aquí que esta arma no está vista sólo como artefacto apto para la caza o la batalla –actividades que son sagradas para un pueblo tradicional y arcaico– sino como símbolo intermediario o mensajero entre tierra y cielo, función expresamente atribuida a las aves y pájaros en general, y por extensión a todas las plumas, como las que dan direccionalidad al vuelo de las flechas. Para la mentalidad precolombina estas últimas son capaces de fecundar la tierra, por lo que las gotas de lluvia que el viento promueve son asimiladas física y metafísicamente, como en otros pueblos, al semen celeste.

Por otra parte, la simbología zoomorfa es fundamental para la mentalidad indígena que ve en los animales vehículos o intermediarios entre el hombre y el espíritu y por lo tanto vínculos entre el ser humano y la deidad, a los cuales pueden dirigirse súplicas por su propio carácter. Inversamente los númenes se expresan por su mediación y ellos son portadores de mensajes, los que se reciben en visión o en la simple vigilia. Los animales guardan en su intimidad algo de la pureza del que los creó y en ese sentido se encuentran cerca de Él, y el hombre puede aprovechar su energía para establecer relaciones a su través con aquél que ellos inversamente representan, ya que ellos son sus mensajeros y en sentido doble su función mediadora. Esto da lugar a una afinidad hombre-animal-dios, a tal punto que estos animales se identifican, por un lado, con ciertos aspectos de lo divino, y por otro con características humanas, a tal punto que los mismos indios consideran en sus tradiciones la existencia de un 'doble' o 'alter ego' animal: el nahual.

El Maíz
"Cuando no había aún cielo ni tierra; cuando el mundo estaba oculto, cuando no habla cielo ni tierra, el jade precioso de tres puntas, el maíz, nació de la gracia... Entonces ocurrió el nacimiento de la primera piedra preciosa, el jade de la gracia, el maíz... Allí estaban sus cabellos: su divinidad le llegó al aparecer..." (Chilam Balam de Chumayel).

El maíz es una conjunción de lluvia y fuego, de energías ascendentes y descendentes que al equilibrarse producen la planta y su fruto, la vida y el alimento. En ese sentido, el maíz –como el cactus, como el árbol en general, según lo llevamos dicho– es igualmente un símbolo de la verticalidad del eje que une a cielo y tierra y por lo tanto se identifica asimismo con el hombre en cuanto éste es un signo de esta mediación y surge como resultado de la conjunctio oppositorum de dos energías cósmicas que porta en sí mismo.

Esta visión, y la domesticación consiguiente de la planta por el indio a la que cultiva desarrollando en ella una serie de potencialidades que estaban implícitas en su ser, es signo de la coparticipación hombre-naturaleza, complementación obtenida por medio de la inteligencia y el esfuerzo conscientes, propios del ser humano, que así se diferencia de las otras especies y cumple un papel intermediario en la creación, aunque esta función en el caso que nos ocupa –el paso de una comunidad de recolectores-cazadores a la pre-agricultura y de ésta a la agricultura o cultura del agro– no se puede llevar a cabo e imponer en vastas áreas que corresponden a pueblos diferentes sin que transcurra un largo número de años y asimismo una serie de dificultosas pruebas y trabajos. Es enorme la cantidad de conocimientos, relaciones y fatigas que deben conjugarse para que esto sea posible. Sin embargo una vez obtenido el logro, éste es tan increíble y maravilloso que adquiere por sí (y secundariamente por su uso y aplicaciones) categoría sagrada o divina. Ello se debe en última instancia a que en todos los mitos americanos del maíz éste aparece como entregado por los dioses a los hombres, lo que equivale a decir que les fue revelado en alguna noche de su tiempo mítico, manteniendo la vida de estos hombres receptores y generadores del maíz puesto que eran ellos los que lo sembraban y cultivaban físicamente, aunque su inspiración fuese divina.

Eso sin considerar lo que la cultura del agro (ordenamiento del caos de la tierra), tan arduamente conseguida, promueve. Es decir, sus proyecciones generativas, o lo que crea de nuevo en la vida humana y sus manifestaciones culturales y sociales, lo cual se traduce necesariamente en términos históricos.

En una concepción mágico-religiosa como la indígena donde la vida es constantemente actual y los seres que participan en ella están siempre interesados en el presente, existen elementos y dioses que varían de significado en el correr del tiempo diario, o anual. Todo esto tiene que ver, sin duda, con los ciclos de vegetación que reflejan estos procesos y con los ritos y mitos agrarios que lo representan en forma simbólica. Así se distingue al sol del amanecer del de mediodía y el del ocaso. Lo mismo sucede con las distintas estaciones de la luna en su ciclo y con las aguas de lluvia, las que eran consideradas buenas o malas, maléficas o benéficas, según el mes del año, el día en el mes y la hora en el día en que se producían sus influencias, descargándolas, e igualmente con la energía del viento que se expresa a veces como tormenta y tornado y otras como alegres y perfumadas brisas.

Para los indígenas el tiempo está vivo –como el espacio– y las distintas formas y manifestaciones de la naturaleza, que ellos distinguen y conocen perfectamente, son fenómenos múltiples que reinciden a perpetuidad. Precisamente para ellos el saber está unido a este tipo de experiencias de la sacralidad de la naturaleza que la mentalidad indígena relaciona constantemente entre sí. Es lógico que un sistema tan amplio y complejo, en donde los distintos componentes se alternan de manera casi infinita, constituya un refinado instrumento de percepción. En todo caso el registro de este enorme cúmulo de datos, o más bien de vivencias (que a veces sólo se distinguen por apenas un matiz), y su efectivización ritual cotidiana, daría a los indios americanos un caudal de imágenes y sutilezas de todo tipo (las que han apreciado los investigadores en las lenguas nativas) que, desde luego, no es lo que interesa a los habitantes de nuestras grandes ciudades, adictos a la simplificación, al compromiso televisivo y a la labor productiva agrícola masiva. Por cierto que el pensamiento indígena es cualitativo y no cuantitativo como el de la sociedad en que vivimos. Y precisamente el maíz es desde este punto de vista el símbolo más granado de la cualificación de la naturaleza por medio de la participación activa y directa del hombre. Aunque queremos señalar que el cultivo de la planta no se generó en términos de producción cuantitativos porque esta posibilidad no cabe en una mentalidad de tipo arcaico. La cualidad puede engendrar la cantidad, pero la cantidad, por definición, es limitativa y relativa.

Vemos entonces que el maíz es un tema central en la vida y en la simbólica de las culturas precolombinas. En los tres códices mayas que han sobrevivido, el Dios del maíz, o Dios de la agricultura, aparece noventa y ocho veces según Morley, el cual afirma: "Se le representa siempre como un joven y algunas veces con una mazorca de maíz como ornamento de la cabeza". Queremos destacar aquí esta representación de la juventud perenne del maíz en el sentido de que éste nunca muere; de la inmortalidad de la generación. En los mitos creacionales náhuatl Quetzalcóatl es quien revela a los humanos el secreto y les entrega el maíz después de haberlos creado. Los aztecas llamaban Centéotl a esta deidad del maíz, y en su honor realizaban sus fiestas rituales. Asimismo la adivinación (pensar en el sentido etimológico del término) se efectuaba en América empleando como intermediarios a los granos de maíz, a los que también se utilizaba como medio de conteo para determinados cálculos rituales. Igualmente en Suramérica el maíz fermentado constituía una bebida sagrada: la chicha. Es interesante también observar cómo se planta el maíz, pues cada semilla debe ser introducida en un hoyo que se abre –y luego se cierra– para ello, y no se siembra como otros cereales al 'boleo'. Los antillanos consideraban a la coa, el instrumento con que abrían la tierra para introducir la semilla, un equivalente del falo humano, muchas veces relacionado con el símbolo de la serpiente. Debe igualmente mencionarse la similitud entre los dientes del maíz y los dientes humanos. Dicho de otra manera: entre lo devorado y el devorador, lo que viene a corroborar de modo definitivo, para una mentalidad analógica, que el maíz es el alimento por excelencia, ligado al hombre por una afinidad evidente también presente en el 'pelo' del maíz, al que se considera como su áurea cabellera. Del mismo modo, creemos que es útil recordar los distintos colores de los diversos tipos de mazorca y su relación con los colores cosmogónicos de cada cultura indígena. Para los Mayas, la semilla es introducida por el hombre y luego trabajada por los nueve señores del inframundo, a los que se agregan los trece de 'arriba', que le dan vigor a la planta de maíz, por intermedio de las lluvias para que éste pueda ascender a la superficie de la tierra.

En este sentido, los mitos, ritos y símbolos relacionados con la agricultura en general –y en este caso con el maíz en especial– configuran una imagen de los pasos del proceso iniciático (preparación del adepto, descenso a los infiernos, pruebas y muerte y posterior resurrección, crecimiento y fructificación). Esto es así porque ambos procesos participan de la misma creación cósmica, del idéntico modelo universal, válido para toda generación, a la que estos procesos igualmente simbolizan.

Recordemos una vez más que para las culturas precolombinas la vida es mágica y se expresa por la sacralidad de la naturaleza. Magia es advertir y comprender la generación, estudiar el crecimiento de una planta o los movimientos animales del cielo. Y sobre todo la correspondencia de estos ciclos vitales y su complementación produciendo la armonía universal. Los hombres de hoy solemos pensar en el creador como un misterio, (y tal vez algunos de nosotros en el misterio de lo increado), pero a veces olvidamos el perfecto misterio de la creación, de la criatura siempre viva. El maíz es tal vez una de las encarnaciones más evidentes de la energía que produce ese misterio, y era tomado como un prototipo asombroso de la generación, lo que asimismo expresa el grado de conocimiento y la cultura del agro americana.

Para finalizar, anotaremos que los pueblos nómades y recolectores en su marcha son asimilados al tiempo y a su proyección espacial. Su simbolismo es animal, mientras que el de los sedentarios es vegetal, pese a que conservan también los signos animales. Esto se debe al distinto tipo de existencia que ambos llevan y por lo tanto a la forma en que viven el mundo, lo cual está presente en su modo de expresar la cosmogonía. Igualmente las artes que predominan entre los sedentarios son las visuales, ligadas al espacio, lo que resulta nítido en el necesario ejercicio de la arquitectura y la construcción de la ciudad. Las artes del tiempo están más ligadas con la marcha y se expresan poética y musicalmente, como lo muestran los pastores, sus endechas y sus flautas. Los símbolos vegetales están más referidos a la actividad agrícola y por lo tanto a un encuadre espacial. Por el contrario, los animales circulan libremente por el espacio y su constante actividad es un símbolo del movimiento, el cual no es sino la proyección espacial del tiempo –según René Guénon– y de allí su vinculación neta con los calendarios.6 Esta diferenciación tiene importancia en la lectura de los símbolos animales y vegetales y se ha de tener en cuenta también para entender la mentalidad arcaica y tradicional y los valores atribuidos a las bestias y a las plantas en sus cosmogonías; en este caso sólo hemos querido señalar algunos ejemplos referidos a la riquísima Tradición Precolombina, objeto de este estudio.


1 En cuanto a otras plantas cuyo carácter es fundamentalmente sagrado, como el ya mencionado tabaco, las especies alucinógenas (peyótl, hongos, ayahuasca, coca, datura, etc.) y ciertas bebidas fermentadas derivadas de vegetales e ingeridas de manera ritual y tradicional (pulque, chicha, etc.) constituyen un grupo específico que debe ser diferenciado del resto de las especies tanto alimenticias como medicinales, aunque todo el mundo vegetal fuera partícipe de la sacralidad de la naturaleza.
2 Ya Humboldt comparó a los calendarios mesoamericanos, incluso al de los indios muiscas de Colombia con los de distintas tradiciones (del Tíbet, de la Tartaria, el Egipcio, el Caldeo y el Griego) encontrando en ellos idénticos conceptos acerca de sus cosmogonías y su visión espacio-temporal y mágico-religiosa, aunque revestidos de distintas formas zoológicas e incluso con diferentes computaciones astronómicas como base de sus cálculos, pero coincidiendo y correspondiéndose en la concepción general.
3 Igualmente toda combinación de estas bestias antes nombradas entre sí, y otras, y la incorporación del ser humano en estas fusiones zoológicas (tan caras a griegos y romanos herederos de los egipcios, y presentes de modo universal en la cultura de todos los pueblos, desde las llamadas altas civilizaciones hasta ciertas tribus 'primitivas' existentes en la actualidad) son muestras de esta actitud.
4 Un ejemplo de este reciclaje cielo-tierra, tierra-cielo, o sea la perpetua relación entre los dioses descendentes y ascendentes, puede advertirse en los motivos de aves y peces en la cerámica y tejidos de las culturas peruanas de la costa y en muchos de ellos la metamorfosis de unos en otros. En este caso específico es clara la interdependencia de la vida de aves y peces pues estos últimos viven del guano (desperdicios) de aquéllas, y éstas de la ingestión de los peces.
5 Nos preguntamos por qué Ehécatl o Hurakán van a ser sólo deidades del viento en el sentido naturalista y meramente físico o fenoménico de la palabra, cuando por otra parte se sabe de otras muchísimas manifestaciones y funciones de esos númenes. Para los hebreos, el término Ruah (o sea, el espíritu, del latín spiritus), se puede traducir literalmente como viento. Y esta energía o atributo divino se halla en toda la creación como un principio del cual derivan Neshamah y Nefesh: respectivamente el aliento y el ánima vital. El término maya ik puede ser traducido como espíritu, vida, aliento y también viento.
6 Etimológicamente zodíaco significa 'rueda de la vida'. Sin embargo hay otras versiones que le atribuyen derivar de zoo = animal. Una y otra no se excluyen mutuamente.

Mitologia Bribri



Los Dioses

En la fase primordial de la mitología bribri, todo estaba en tinieblas, estado latente de la creación del cosmos, habitado únicamente por los srbulus, seres que vivan en cuatro mundos. En uno de estos cuatro mundos, había enormes piedras por todas partes, el suelo todo era de pura piedra.

Sibökomo: el dios creador
El primer ser que surge es Sibokomo (Sibökama: padre dios, kapa, rey, “el que manda") el cual salió de un árbol. Él tenía unas piedritas pequeñas con las que hablaba; con ellas curaba a la gente. Era un gran sukia. Entonces su piedrita vio que se podía hacer el mundo: “Ojalá mi padre me lleve a ver lugares por allá arriba!”.

El lugar en donde estaba Sibokomo era abierto al vacío, no se veía nada, era infinito, infinito como el cielo, donde no hay nada. Estaba el señor ahí sin hacer nada, cuando la piedrita pensó: Allí abajo hay una muchachita; ojalá mi padre se la lleve a examinar lugares con nosotros. La muchacha es la sobrina de Sibokomo. Éste quiso tener relaciones con la sobrina; de ahí sale lo bueno y lo malo.

Ambos se van a otros mundos, en los que Sibokomo piensa crear la tierra, las aguas, el sol, la luna, etc. Una de las piedras mágicas de Sibokomo, el macho, se introduce en el vientre de Sitami, la sobrina, y la embaraza. De este embarazo nace Sibú.

Sibö o Sibú
En cuanto a dioses, espíritus, deidades o diablos, tienen los siguientes: el gran espíritu, o principal ser sobrehumano se llama Sibú. Éste es un espíritu bueno, de quien no hay que temer nada y se le rinde una especie de respeto pasivo, pero no adoración ni culto. Se le considera más bien como el jefe del país feliz, del estado futuro; pero que no se molesta por las cosas mundanas. A pesar de todo, se observa en su teología, toda la familia de las tribus es esencialmente monoteísta, aunque insensiblemente han dado los primeros pasos hacia la pluralidad de dioses.

Sibú es el gran espíritu, omnipotente y omnipresente. Es él quien representa el principio del bien, Sibú es el creador del mundo. Habita en el plano superior. No se conocen representaciones materiales de Sibú, el cual enseñó al hombre a danzar y cantar disfrazado de zopilote. A Sibú se le considera como el gran civilizador indígena, y por ello es considerado como una figura mítica.

Cuando Sibú nació, los srbulus se enteraron de su nacimiento por el canto de un gallo, y desearon matarlo. Cuando Sibú creció, para vengarse de los srbulus los hace abandonar el mundo.

Iriria
La tierra, que surgió como una niña de debajo de la superficie, que era pura roca, sobre la que muere. De su sangre derramada sobre la roca se forma la tierra para la semilla. Antes de que subiera a la superficie, un murciélago le estaba chupando la sangre, y de las deyecciones del murciélago aparecieron diversas plantas. La fiesta con la que se celebra el nacimiento de Iriria es una fiesta funeraria. La madre de la niña tierra fue traída para preparar la bebida de chocolate para la fiesta.

Sula
Espíritu bueno, guardián de la Semilla, o de las almas. Es la dualidad, el principio femenino. Vive en el mundo inferior

Dular
Es el mensajero de Sibú, puente mítico entre el chamán y el dios supremo y que se manifiesta a través de las piedras mágicas o por medio del bastón. Nadie ha visto a Dular, y sólo los curanderos completos pueden hablar con él.

Espíritus malos

Bonnama
Tigre Be
Kritöm (Kiritum): Diablo, existe en la montaña Aknama. Sibú lo llama /naú/: tío materno.
Alar: duendes
Itso': “La llorona”
Serke
Diköm: es el tigre de agua, no es inmortal.
Buklú: (La palabra también denota falta de limpieza)
Kablapa
Chodawe
Tsaitmi (mar)
Tkërma (trueno)
Sholata
Shulekma: dueño de las enfermedades

Los espíritus malos matan a la gente y se la comen.

En el mundo sobrenatural las deudas se pagan con cacao, y los gustos se satisfacen con esta cosecha. La hermana del creador está a cargo de las almas en el inframundo, y todos los seres sobrenaturales amigos o enemigos, se alimentan de sangre humana que para ellos es chocolate, o de carne humana que para ellos son bayas de cacao , el árbol de cacao doméstico es, en la mitología, una de las esposas del creador.

Concepción bribri del universo

El universo bribri consta de cuatro grandes divisiones cosmológicas:
El mundo de Sibú, del Mar, Trueno y Sol, está arriba; la tierra, el mundo de los hombres, animales, plantas, los dueños de los animales, los diablos y otros enemigos de la Semilla (los que no son bribris), está abajo; el mundo inferior, donde vive SuL, y el cuarto plano, que es el punto de contacto de los otros tres planos, que es el lugar debajo de donde nace el sol, de donde vienen las cosas buenas y malas que pasan en la tierra.

El mundo está gobernado por espíritus buenos, malos y perversos, principios divinos para los cuales no se tienen representaciones materiales, son seres caprichosos y poco tratables, a quienes se les teme pero no se les respeta.

Tanto los espíritus buenos (SuL), como los espíritus malos (Bi), habitan las partes menos frecuentadas del bosque; a veces son invisibles, y otros aparecen bajo la forma de animales tales como dantas, serpientes y otros. Parece que el calificativo de espíritus buenos haya que reservarlo especialmente para los espíritus auxiliares de los chamanes; entre ellos se destaca Dular.

En el principio del bien y del mal, éste está representado por los Bi y los a, nombre genérico de seres sobrenaturales o fuentes de poder sagrado, que llevan a constituir un tabú y cuya violación puede acarrear hasta la muerte. Se trata de no contrariarlos y no puede decirse que no se les rinde culto alguno.

En cuanto al Sol, se dice que “el Sol es como Dwchke (abuelo) lejano por el lado del clan que no es el propio, es un enemigo que deja salir las enfermedades por el este”. Los bribris nacieron en la oscuridad, antes de salir el sol; los blancos nacieron cuando salió el sol. Dios celebró toda la noche el nacimiento de los bribris pero al salir el sol vino el demonio y el sol quemó toda la vida . Estas declaraciones indican que el sol es un pariente político en la cosmología o un particular hostil. Quizás por esta creencia es que se evita el contacto con el sol en este confinamiento ritual, como un elemento de contaminación e impureza. (Bozzoli: Símbolos de intercambio recíproco en la visión de mundo de los bribris).

Se le atribuye un dueño o wak a cada cosa creada. El creador mismo es el dueño de la gente. La principal disputa del demonio con Dios surge de que éste se considera dueño de las posesiones del creador.

La creación del sol y de la luna

“Sibú ha dejado a la luna como mujer. Sibú no quiso que existieran dos astros iguales uno encima del otro. Tampoco era conveniente que, al igual que el sol, apareciera otro astro que tuviera su mismo movimiento. Entonces Sibú vio que eso no serviría en ese lugar y a la vez Sibú vio que para la semilla humana eso no serviría. En el día, habiendo dos astros, calentarían los dos igualmente, entonces Sibú analizó esto y dijo que no era posible que las cosas fueran así. Era necesario, dijo Sibú, que se enfriara uno, que es el que ahora camina de noche, y que quedara congelado. De tal manera lo resolvió que quedó el sol y ése quedó caliente.” (Bozzoli, 1977: 83)

El otro sol: /Divó/

“…Pero antes, en Ka, el tiempo infinito… Lejos, en Ka, el infinito espacio, Sibú hizo otro sol, enorme, mil veces más grande que este sol de la Tierra; mil veces más caliente. ¡Es un sol terrible! Nadie lo ha visto, nadie sabe dónde está, nadie lo conoce. Rueda por Ka, el espacio infinito; rueda desde Ka, el infinito tiempo. Pero si matas a otro, pero si haces correr la sangre de un hombre, allá serás lanzado. A este terrible sol que no vemos, que no conocemos, que nadie sabe dónde está oculto, y que arde más que mil soles, allá van los asesinos.

Si derramas la sangre de un hombre, cuando te mueras no serás recibido en Suré (entiéndase Sulakoska), el Lugar de la Verdad, que queda al otro lado del sol, en donde vivimos antes de nacer, en donde nos hizo Sula, y Sibú el bueno nos espera. Si asesinas a alguien no podrás ir allí. Irás al lugar terrible que se esconde en las profundidades de Ka, que existe desde Ka, el infinito tiempo…”

La creación de la tierra Iriria

Es la niña tierra, que vivía en uno de los cuatro mundos subterráneos. Antes de que subiera a la superficie, un murciélago le chupó la sangre, luego subió y de las deyecciones del murciélago en el centro de la casa aparecieron diversas plantas. Sibú pensó que del alimento (tierra) consumido por el murciélago, él podría crear la tierra.

Namaitmi, la danta, madre de Iriria y hermana de Sibú, es invitada por éste a la fiesta de inauguración de la casa cósmica, para que preparara la bebida de chocolate para la fiesta. Cuando Namaitmi se encuentra en la fiesta, Sula, el padre de Iriria, toma a la niña y la lleva a la superficie, que era pura roca, sobre la que muere. De su sangre derramada sobre la roca se formó la tierra para la semilla.

En otra versión, es su abuela Namasia quien la lleva a la fiesta. Una vez allí, Namaitmi, al notar la presencia de su hija, trata de alzarla, pero ésta se le resbala de las manos y es aplastada por los participantes que danzaban en la celebración. Ellos bailaban el sorbn, una danza ritual bribri que conmemora la creación de la tierra y la construcción del universo. La fiesta con la que se celebra el nacimiento de Iriria es una fiesta funeraria.

La creación del mar

Por deseo de Sibú, Shulekma y Tsami se unieron y ésta última quedó embarazada. Habiendo querido salir a defecar, tomó el bastón de Shulekma. A pesar de que Shulekma le había ordenado no soltar el bastón, Tsami lo depositó en el suelo durante un rato. Cuando llegó a buscarlo, el bastón se había convertido en una serpiente, la cual la mordió, provocándole la muerte.

De su vientre surgió un árbol que amenazaba con romper el techo de la casa de Sibú, por lo que éste ordenó a sus ayudantes que lo cortaran. Al caer el árbol, un animal corrió y unió la copa con las raíces, formando de este modo una circunferencia, que se transformó en el mar alrededor de la tierra.

Mitos de origen de los bribris y cabécares

Sibú trajo las semillas de maíz de debajo de donde nace el sol, de las que descienden los clanes bribris y cabécares. Estas semillas son los bribris y sus clanes. En algunas narraciones, Sibú aparece como aire o viento que dispersa las semillas o la gente. Las semillas florecen con la mezcla de la tierra y el aire, SuL y Sibú. Los individuos son inmortales en el sentido de que se mantienen como semillas en el mundo de SuL, de donde vuelven a nacer.

Los bribris y sus vecinos indígenas se originaron en semillas de maíz que Sibú dejó en Sulayom, en el alto Lari (en el Chirripó). Algunas semillas se convirtieron en chanchos de monte y cruzaron la cordillera, y detrás de ellos se fueron los teribles como monos.

Cuando Sibú trajo la semilla nombró cada clan y le dio su trabajo específico. También trajo los clanes divididos en pares, para intercambiar los cónyuges entre uno y otro. Hasta el presente, cuando se le pregunta a alguien en qué clanes puede casarse, se menciona sólo uno en la mitad opuesta, el que está emparejado con el de uno.

Se presupone que los bribris conquistaron militarmente a los cabécares, pero éstos mantuvieron la superioridad religiosa. Según Bozzoli, este supuesto se basa en la división político religiosa de trabajo que los caracterizó en el siglo pasado, en el cual un clan cabécar nombraba al especialista ritual de más alto rango, y algunos clanes de habla bribri nombraban los reyes.

Para Bozzoli, los dos grupos pueden considerarse como uno solo en cuanto a su sistema de creencias y de prácticas bélicas y desde el punto de vista institucional. La divergencia lingüística ocurrió debido a las distancias entre clanes (que se definían territorialmente) y a los rasgos geográficos de los valles de los ríos talamanqueños que los clanes ocupaban, los cuales restringieron la interacción y motivaron que cada grupo estuviera sometido a las influencias de vecinos diferentes.

Origen de las enfermedades

Sibú burló a sus convives. Muchos de aquellos seres que ayudaron a Sibú a construir su casa y a quienes éste robó su trabajo y su propiedad, son los que los sukias hoy llaman dueños de las enfermedades. Burlados por Sibú, todos ellos quieren vengarse y ésta es la explicación que los talamanqueños dan a las enfermedades.

Espíritus de los animales

Todos los animales de caza tienen reyes o protectores de animales, que pueden adoptar la forma de animal o de cualquier cosa que les plazca. Son invulnerables y peligrosos, por lo que algunas veces son la encarnación del espíritu malo o Bi.

Las reglas para tratar con los dueños son: se debe contar con su permiso para tomar algo de ellos, por medio de una cuidadosa negociación; tomar las cosas sin su permiso resulta en peligro, enfermedad o muerte; los dueños están obligados a dar parte de lo que les pertenece; por algunas cosas no deben pedir nada a cambio, y por otras tienen derecho a recibir algo equivalente.

En cuanto a la relación con los animales, nadie tiene derecho de causarles sufrimiento; por el maltrato a los animales domésticos el castigo se recibe después de la muerte, cuando el alma va hacia el inframundo. Los seres humanos son los dueños de los animales domésticos. Los animales silvestres son seres sobrenaturales que habitan en la selva. En relación con los animales comestibles, sean domésticos o silvestres, la regla es distribuir su carne a parientes y conocidos. La mezquindad ha sido el único pecado reconocido; el no compartir la carne con los demás se castiga en el camino al inframundo. Los animales no comestibles se evitan; no causan enfermedad grave ni castigo después de la muerte.

La selva está gobernada por el dueño general de los animales. Este dueño es el awá (médico, sukia) que cada especie animal tiene, y los grupos de animales que tienen algunas características en común tienen su dueño. Estos dueños tienen parientes y sus territorios propios.

El dueño general es amigo de los humanos si las reglas para tomar recursos silvestres se respetan. Sin embargo, los dueños específicos de los animales, quienes viven con el dueño general como parientes, son hostiles a los humanos, porque la gente caza su especie. Como intercambio por los animales que el dueño general le permite a los humanos cazar, los dueños específicos cazan a los seres humanos. Para tratar con estos diablos, la gente puede contar con seres amistosos tales como el dueño del trueno, de los vientos y de algunas plantas, que son algunos de los espíritus protectores.

A fin de engañar al protector de los animales cuando se planea cazarlos, en lugar de su nombre propio se usa el de una planta. Se cree que todos los animales tienen una piedra en la cabeza, que el cazador puede obtener si al matar un animal corre inmediatamente y la recoge. Con esta piedra la caza le es abundante, hasta el día en que el rey de los animales le cace a su vez y lo mate.

Cuando un awá solicita una buena cacería al dueño de los animales, debe intercambiar simbólicamente los vegetales cultivados poseídos por los humanos, por la carne de los animales silvestres. Cada animal silvestre tiene su correspondiente nombre vegetal. El dueño de los animales también ve a sus animales como sus cosechas de esos vegetales. De esta manera al dueño se le paga con la misma moneda. El awá canta su ofrenda de vegetales de acuerdo con los animales que el cazador desea. Ofrece vegetales equivalentes a cada animal; luego el cazador lleva pedacitos de vegetales al lugar que el awá le aconseje. Así los animales aparecen allí.

Los indígenas muestran cautela y respeto hacia la selva. Por ejemplo, deben permanecer silenciosos allí, no cazar muchos animales ni dejarlos heridos. La primera vez que un hombre caza un animal, lo hace cuatro veces, repitiendo esto para cada especie si es la primera vez. La carne de los primeros animales de cada especie se debe distribuir entre familiares y vecinos pero una mujer encinta y su esposo no deben comerla.

La cacería y la pesca requieren previo ayuno y abstinencia sexual. En lugares selváticos no se tocan las flores ni los frutos. El humo de la carne asada de los animales silvestres se considera una ofrenda o pago a la selva. Los sobros de animales cazados se colocan a los pies de un árbol, y no se deben dispersar las partes de un animal.

Dependiendo de los grupos de animales que se cacen y de las técnicas de cacería para cada grupo, así son los modos recíprocos en que los animales conciben a los hombres y sus modos de cazar hombres. Las enfermedades humanas se consideran resultado de la cacería que realizan los espíritus animales y sus dueños. Las enfermedades son mandadas por Ditegla, señor de las enfermedades. La relación entre animales y enfermedades es de suma importancia, porque los espíritus auxiliares de los curanderos adoptan estas formas.

Es prohibido matar los animales domésticos, de la misma forma en que no se debe maltratar a los miembros de un clan. El maltrato equivale al castigo por mezquindad. Cuando se matan para comidas rituales, los animales domésticos se deben ahorcar.

Espíritus de los lugares

Los lugares están custodiados por los espíritus del lugar; se cree que tienen las mismas costumbres que los humanos y que pueden causar la muerte a cualquiera que trate de hacerse de sus dominios. Entre los más importantes espíritus de lugares están los Ujum, considerados como seres etéreos que habitan los picos pelados de las altas montañas y viven en la masa misma de la roca.

Para no contrariarlos hay que guardar silencio al entrar por primera vez a una montaña; de lo contrario se expone el intruso a que se desaten grandes aguaceros, e incluso puede recibir la muerte. Después de la primera experiencia puede hacerse la visita sin miedo alguno. Los novatos se libran de cualquier daño si van acompañados de alguien que ya ha estado en el lugar, porque los protege el calor místico del iniciado. Algunos consideran a los Ujum como restos de la generación anterior a la de los indios.

Números sagrados

En la religión talamanqueña, el número cuatro es uno de los números místicos; este número es básico y se refleja en diferentes ceremonias, como la de la iniciación, funerales y en diferentes elementos dentro de las mismas. El número tres está asociado a las purificaciones, ayunos y las manifestaciones del alma.


Casa cósmica de Talamanca - Concepción del mundo según los Bribris

Las siä: piedras adivinatorias de los Bribris


El estudio sobre diversas tradiciones de las etnias bribris y cabécares de Alta y Baja Talamanca ha ocupado la atención de múltiples investigadores durante varios años, en mi caso, especialmente en lo que a tradición sobre vivienda y simbolismos se refiere realicé varios libros y artículos junto con el antropólogo Fernando González. Sin embargo, otros estudiosos como María Eugenia Bozzoli, Marcos Guevara, Laura Cervantes, Rafael Ocampo, Alvaro Dobles, Fernando Trejos entre otros, han dado importantes aportes en varios campos que nos esclarecen previamente para comprender mejor la complejidad y riqueza de estas culturas. Desde los mitos hasta la problemática ambiental y económica, se va tejiendo una compleja red de aspectos que ofrecen una gran cohesión global en las creencias y tradiciones de estos pueblos.

Varios amigos como los awapa* Don Francisco Figueroa, Don Francisco García, Don Arturo Morales Pita e informantes claves como Alí Segura, Hernán Segura, Mario Nersis, Alvir Morales, Severiano Fernández y otros nos han suministrado no sólo su apoyo sino que se han dado a la tarea de acompañar y enriquecer con sus propias investigaciones de campo los diversos aspectos que nos ocupan. Pronto algunos de ellos también estarán publicando sus propias conclusiones, lo cual nos llena de satisfacción, pues quién más que ellos pueden comprender mejor a sus propios pueblos bribris y cabécares y la sabiduría de sus ancianos.

Este pequeño aporte se origina en algunos aspectos y fundamentos investigados durante varios años. Debemos de tener en cuenta que las piedras oraculares o adivinatorias son apenas uno de los aspectos que nutren toda la tradición terapéutica de los médicos aborígenes talamanqueños de Costa Rica, cuyas tradiciones se remontan a milenios.

Las siä: piedras oraculares o adivinatorias
Como veremos, esta tradición no es exclusiva de estos pueblos de América, en prácticamente todas las latitudes no sólo de éste sino de otros continentes se les concede gran importancia a las piedras de diversa procedencia:

"…las palabras de Orfeo, que cita Plinio: "La tierra negra produce el mal..., pero al propio tiempo produce el remedio para cada mal. De la tierra proceden pues toda clase de piedras en las que podemos encontrar un poder prodigioso y vario. Todas las ventajas que representan las raíces, también las ofrecen las piedras. Las raíces tienen fuerza inmensa, pero las piedras la poseen aún en mayores proporciones. La tierra las crea incorruptibles y jamás envejecen..."

Conocidas como piedras mágicas, adivinatorias, oraculares o curativas las siä son los aliados indispensables de los awapa que aún subsisten en las montañas y los bosques tropicales del sureste de Costa Rica. Las siä constituyen los "diplomas de graduación" cuando se ha terminado todo el proceso de aprendizaje y el iniciado ha pasado todas las pruebas que lo capacitan ya para el ejercicio profesional respectivo.

Los sukias (awapa), tienen diversas piedras utilizadas para combatir diferentes enfermedades, y el número varía de 5 hasta 10 aunque lo más corriente es que tengan cinco, según ellos, cada una se utiliza de manera diferente, y una de ellas es la que más se usa, tanto para el bien como para el mal, para defender al sukia de cualquier mal o para atacar. En general lo más que tienen es de seis a ocho, algunas (son de) color blanco blanco blanco con un diseño, tal vez un diseño de canasta, un diseño de alguna cosa, un animal, hay otras que pueden ser cafecitas, pero tal vez con una marca en la mitad y todo ello tiene significado, hay otro que es blanco pero dentro de ellos hay masculino o femenino, hay hombre y mujer, entonces muchas veces, hay siä que es especial para curar la mordedura de culebra, hay otras siä que las utilizan los malos sukias para matar a otro, o echar maldad, o quitar a una persona de donde vive, todo eso, entonces hay siä para cada cosa, y entonces hay una siä que sirve para todo, que puede curar gripe, que puede curar reumatismo, que puede curar danta, que puede curar todo todo, entonces así, ellos tienen la siä y una misma siä puede servir para todo, pero algunos sukias grandes tienen una siä para solo maldad, y son también de color blanco pero don Francisco dice que Sibú*** los dejó sólo para hacer el bien (aunque) hay algunos sukias que lo utilizan para hacer maldad."

"Se cree que todos los sukias que tienen siä como don Francisco, (las heredaron) del hermano mayor o del tata de él, que fue sukia y cuando se murió dejó eso antes, las fueron a buscar en el valle de la Estrella, no sé en que parte, es una quebrada pequeña y tiene como lagunas y van y llevan un montón de maíz en el agua, y al siguiente día van y ahí están todas las siä, eso es para pedir siä. Se cree que es una imagen muy poderosa, que es el mismo Sibú que le ayuda a los sukias a conseguirlas, por eso las siä no se pueden dejar solas, si las dejo aquí en la mañana, en la tarde ya no están, se van, se voló, se perdió."

"Hay otras siä que vienen de otras partes, por allá de Panamá en Yorkín o en Teribe, de esas partes que siempre se consiguen y algunas siä son encontradas en animales, dentro de la carne, entonces esas siä que se consiguen por ejemplo en una danta es especial para llamar danta, especial para curar la enfermedad de danta**, así un venado también puede llamarse con ella, en donde hay más es en la danta y en el venado".

Las siä se constituyen en poderosas "antenas" de concentración energética que el awá (o sukia) emplea como vimos para diversos fines, tanto benéficos como maléficos según lo relatan. Como son de diversa procedencia, aquellas que provienen de animales, o sea son algún tipo de cálculo o besoar, son especiales para atraer, y ejercen una fuerza casi hipnótica sobre los animales de la especie de la cual se extraen. Según nos refieren desde la antigüedad en Europa eran también utilizadas o se había observado su poder.

"Esta tradición es universal. La piedra, materia fija y sólida por excelencia, es el término normal de la cristalización de las fuerzas mágicas. La meditación actúa y "concretiza" el ser imaginado y solidificado en piedra. Del mismo orden son los gamahez, célebres en otro tiempo. Esta palabra viene del árabe kamao (relieve). Eran figuras humanas, animales y vegetales que se encontraban dibujadas naturalmente en las piedras... Alberto Magno cita una piedra con la marca natural de una serpiente, la cual atraía a todas las serpientes hacia el lugar donde se encontraba...".

Según otros informantes talamanqueños, en efecto, algunas siä son sacadas de la carne de distintos animales y ellas son utilizada para atraer a los animales de esa especie con el objeto de cazarlos.

"Hay piedras que traen la buena suerte para pescar o cazar. Otras sirven para adivinar el futuro o para ayudar al curandero a conocer la enfermedad de un paciente. El sukia pone su bolsita sobre la mano del enfermo y le dice que las piedras pueden moverse o cambiar de color para dar informaciones"

Si buscamos información de otras latitudes veremos que en la Europa Medieval los bezoares tenían una gran importancia por sus conocidas propiedades curativas.

Según el diccionario de la lengua española: "Bezoar: m. Concreción calculosa que suele encontrarse en las vías digestivas y en las urinarias de algunos cuadrúpedos, y que en la Edad Media se consideró como antídoto y medicamento".

También se llaman bezoáricos los medicamentos contra las enfermedades malignas.

"Bezoar, nombre que se ha dado en Europa a las concreciones líticas engendradas en el cuerpo de los animales, cuyo valor mágico es de tradición universal. El bezoar se forma en el estómago, en los intestinos, en la vejiga (cálculos) y a veces en la cabeza de algunos animales... a esta clase de piedras se les da nombres que recuerdan a los animales de los que proceden. Los indios jíbaros y carrelos utilizan las concreciones estomacales de tucán, el powis y el pavo salvajes para dibujarse signos en el rostro antes de salir de caza. Se las llama jukka o misha, y los indios les atribuyen el poder de atraer a los pájaros por la ley mágica de la simpatía."

Como vemos, esta costumbre tan arraigada no sólo en los indígenas de Costa Rica sino en otras partes de América es también un arquetipo que existía en Europa y otras latitudes desde hace centurias.

En la terminología médica actual, se llama bezoar a los conglomerados de pelos que se extraen de los intestinos de algunas personas que tienen la negativa costumbre de comerse el pelo, y ello va creando un "taco" en sus intestinos; sin embargo no creemos que este tipo de bezoares sea al que se refieren nuestros informantes indígenas, sino a los que más bien son conocidos como cálculos, verdaderas formaciones de cristales de calcio u otras concreciones de sustancias que se encuentran tanto en humanos como en animales.

La tradición china también conoce los bezoares. "El flujo y reflujo de las fuerzas del yang y del yin transforman todas las cosas; lo que escapa de ellas se endurece..."

Las piedras curativas en Guanacaste
Aún en regiones como las del Pacífico seco de Costa Rica en donde existían tradiciones más ligadas a Mesoamérica, a pesar de que prácticamente no hay en la actualidad indígenas que conserven la mayoría de los rasgos culturales, hemos encontrado relatos que demuestran una tradición aún viva con elementos muy similares a los que emplean los indígenas de la Alta Talamanca, que se relacionan con la Tradición Sudamericana.

Según el Sr. Pedro Pablo Pérez (c.p., 18-2-92), indígena de Matambú en la región del Pacífico seco de Costa Rica, su abuelita Feliciana Pérez narraba sobre un viejo curandero de Matambú que curaba utilizando unas piedras blancas, según ella cambiaban de color y se movían cuando los pacientes llegaban para ser curados de sus padecimientos.

Cada piedra servía para cosas diferentes y se veían figuras dentro de ellas.

La anciana quien murió hace ya 13 años y tenía 93 de edad contaba varias anécdotas acerca de esos poderes curativos de las piedras.

Pedro Pablo, quien es vecino de esta región "chorotega" sumamente transculturada, narra que él tiene tres de estas piedras muy "lucias" (pulidas); son un poco ovaladas, según él dos provienen de tumbas indígenas y una tercera fue extraída por su arado cuando labraba la tierra. Hemos podido constatar que algunas de estas piedras son similares a los llamados "pulidores" empleados por las ceramistas de Guaytil de Santa Cruz en Guanacaste, Costa Rica, para dar el acabado final a sus piezas.

Según otro informante, José Joaquín Solano, asistente, quien nos acompañó en algunas de nuestras giras de investigación, él tuvo ocasión de estar en la región indígena de Matambú en Guanacaste y visitó a un curandero de apellido Bejarano. El curandero le entregó algunas hierbas y bebedizos para un mal que le aquejaba y José le entregó a cambio una piedra redondeada que le había sido donada en otra ocasión por un awá de Talamanca.

"El curandero impresionado ingresó en la vivienda en donde permaneció unos diez minutos, preparando un bebedizo de color café, que le ofreció en un vaso viejo de plástico; luego de un pequeño bolsito morado con varios colores en el cierre, sacó una piedra achatada de unos tres o cuatro centímetros de diámetro, con su mano derecha la observó un momento frente al fuego, un minuto tal vez, para luego mojarla con el agua tibia. De inmediato la introdujo en su boca y luego al sacarla la tomó de nuevo en su mano derecha y comenzó a soplarla y a susurrarle mientras la tenía en el puño semicerrado. Le hablaba en una lengua desconocida y en voz muy baja, luego mirando hacia el techo la soplaba de nuevo y luego la colocaba en su oído durante unos diez minutos. Luego apretándola en las yemas de sus dedos y hacia arriba se la mostró e inclinándola la mojó dos veces en el agua caliente. De inmediato, giró la mano hacia abajo y la puso en mi mano derecha; de inmediato y cerrándomela, dijo: ¡cuídela!.

Este relato nos refleja la persistencia de tradiciones muy antiguas en zonas muy transculturadas del país, sin embargo, también nos permite reflexionar sobre el paralelismo existente entre los chorotegas mesoamericanos, con los talamanqueños, predominantemente de tradición sudamericana, que durante ciertas festividades y visitas rituales, intercambian sus piedras adivinatorias con otros colegas; sin embargo, existen en la actualidad algunos requisitos para poder transmitir o adquirir las siä, ya que no debe ser cualquier persona quien tiene acceso a ellas.

"El curandero puede tener cualquier tipo de piedras, pero hay dos principales. Individualmente se les llama kúsuwa o dikuswa, sorkuswa o sorkusuwa. Semejan pequeñas piedras de río y se las encuentra a veces en las tumbas precolombinas. Hoy día las piedras le son "dadas" o se le aparecen al curandero en ocasiones especiales, o le son transmitidas como una herencia sagrada por un colega quien asimismo ha de pertenecer al mismo clan. Cuando un curandero muere, si él no desea dar sus propias piedras a un profesional joven, su hermano o el clan las conserva hasta que aparezca un nuevo doctor que tenga necesidad de ellas".

* Awá: chamán, sacerdote-médico, hombre de conocimiento.
** Enfermedad de danta es aquella que contraen los que no guardan las dietas, abstinencias o preceptos establecidos para la cacería o el consumo de este animal.
*** Sibú = deidad creadora.

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